La trufa, el diamante negro aragonés

Quizá no sea oro, ni un diamante realmente dicho, pero la trufa se ha convertido en uno de esos ingredientes en la cocina que resaltan, que hacen brillar cualquier plato. Esto bien lo sabe Trusens. La empresa bajoaragonesa ofrece un surtido realmente completo de la trufa, en distintos formatos y vertientes; desde la trufa propiamente dicha, hasta cosmética elaborada con la misma trufa. Todo esto nos lo cuenta la gerente de Trusens, Sandra Pérez.

trufa aragonesa

¿Por qué se le denomina a la trufa, el diamante negro?

La trufa es un hongo con unas cualidades gastronómicas indiscutibles. Existen escritos que hablan sobre ella ya desde tiempos del Egipto faraónico. Pero no es hasta principios del s. XIX cuando Europa se impregnó de una mayor cultura trufera, sobre todo en Francia. Es precisamente allí, donde el notable gastrónomo, Brillat Savarin, redactó su libro “Filosofía del gusto”, en el que con gran acierto la acentuó como “el diamante negro de la cocina”. Y esta apelación se mantiene hasta día de hoy.

Aplicada a cocina, la trufa es un condimento que potencia los sabores naturales de los alimentos que acompaña, y marida a la perfección con múltiples elaboraciones, ya sean aperitivos, entrantes, principales (tanto pescado como carne), así como en postres. Es decir, sus posibilidades de aplicación son infinitas.

¿Sois una empresa familiar, hace cuánto nació Trusens y por qué os decidisteis a comercializar este tipo de producto tan selecto?

Desde bien pequeñas, tanto a mi hermana como a mí, nos han involucrado la pasión por el campo. Mi abuelo Emilio se ha dedicado toda su vida a la agricultura. De hecho, todavía hoy, a sus 86 años, es difícil que pase ni un sólo día sin ir a la finca y es una pasión que nos ha transmitido con mucho esmero generación tras generación. Ahora nos encontramos ya parte de la tercera generación trabajando en el negocio familiar.

Hace 20 años que iniciamos nuestra andadura en el mundo de la trufa, a nivel de truficultura. Y es en 2011 cuando decidimos tomar contacto con la comercialización de forma directa con el consumidor final, además de llevar a cabo el desarrollo de productos trufados. Es precisamente en ese momento en el que se produce el nacimiento de Trusens. Fue el punto de partida de un proyecto que llevábamos tiempo en mente. El objetivo que teníamos y mantenemos es el de dar a conocer el gran potencial existente en la trufa negra (tanto a nivel gastronómico como cosmético) a la par que generar valor añadido en la zona donde precisamente se desarrolla este manjar. Todo ello unido a una voluntad clara por desarrollar productos trufados con trufa natural, algo que en el mercado era difícil encontrar y a día de hoy, por desgracia, aún sigue siendo poco frecuente. La mayoría de los productos que podemos encontrar en el mercado en la actualidad, se denominan “trufados” y de trufa solamente poseen el nombre en el etiquetado, pues se engaña al consumidor empleando potenciadores químicos. Entendíamos que el consumidor precisaba productos de calidad y con trufa de verdad, y nos encantó tener la oportunidad de poder llegarlos a desarrollar.

Teruel claramente existe, y muchas veces se hace tan conocedor por productos como los que nacen en estas tierras. ¿Por qué Teruel es uno de los territorios predilectos para el cultivo de la trufa negra y qué le hace tan especial?

En concreto, la comarca más focalizada en el mundo de la truficultura es Gúdar Javalambre, la zona sur de Teruel, en la cual nos encontramos. Esta zona se caracteriza por poseer unos terrenos especialmente pobres, además de las dificultades climatológicas, con fríos extremos en época invernal, así como altitudes elevadas. Todo ello ha condicionado históricamente nuestra agricultura tradicional, haciendo sufrir en demasía a nuestros antecesores, que en su momento optaban con el cultivo de estos terrenos, fundamentalmente para cereal. Las producciones eran ínfimas, e incluso en muchas ocasiones, perdían las cosechas.

Precisamente este territorio, en el cuál se estaba abandonando paulatinamente el cultivo de los campos, reúne las condiciones idóneas para el desarrollo de la trufa.

Para Gúdar Javalambre, la trufa nos está volviendo a dar la vida. Es el desencadenante de las ilusiones de muchas familias, el motor que está haciendo el lecho del futuro en esta comarca, y permitiendo a nuestros jóvenes pensar en un futuro en este territorio, sin marcharse fuera. Todos estos factores considero que son fundamentales, más para un área en la que hablamos de una densidad de población que ronda cifras cercanas al desierto demográfico, actualmente nos encontramos en torno a los 3,4 habitantes por kilómetro cuadrado. Eso sí, en hectáreas de carrascas truferas, rondamos las 6.500. Esta cifra es un claro indicativo de la importancia que tiene para nosotros este sector, y las grandes inversiones que los habitantes de estas tierras están realizando en el campo. Aún con todo, considero que queda mucho camino que recorrer.

Tenéis una gama de productos que van desde la propia trufa para el sector de la alimentación hasta la adaptación del propio producto a la cosmética. ¿Cuál es el producto estrella y cómo se os ocurrió el poder utilizar la trufa negra como cosmético?

Desde el momento que creamos Trusens, no nos establecimos límites en cuanto al desarrollo de productos. Teníamos claro que los productos que lanzásemos al mercado tenían que cumplir nuestros estándares de calidad y partir de la premisa de ofrecerlos de una forma clara al consumidor. No nos importaba el tiempo de desarrollo y las pruebas hasta conseguirlos, pues deseábamos que la trufa brillase en ellos.

A nivel cosmético, ya veníamos trabajando la trufa en nuestro spa, situado en el establecimiento turístico La Trufa Negra. Los productos que disponíamos de cosmética se vinculaban al ámbito profesional y sus formatos los realizábamos pensando en cabina.

Dada nuestra voluntad por trasladarlos al consumidor, y que pudiese emplear las propiedades cosméticas de la trufa en su uso doméstico, desarrollamos toda una gama de productos: jabón de tocador, gel, champú, body milk, exfoliante, sales de baño y crema hidronutritiva.

regalo trufa

En la actualidad lo que motiva al consumidor son las experiencias. Siguiendo esta línea, vosotros ofrecéis una alternativa curiosa como es el “Trufiturismo”. Cuéntanos un poco qué es lo que podemos encontrarnos y a qué público va dirigido.

El trufiturismo fue un desarrollo de producto que nuestros propios clientes del hotel nos comenzaron a demandar, sin nosotros haberlo creado todavía. Es a ellos a quien debemos a día de hoy esta actividad.

Ya en 2007, con la apertura del hotel, lo hicimos girar en torno a la experiencia de la trufa. Basta con hablar de nuestro nombre “La Trufa Negra”, nuestros salones (Melanosporum, Magnatum, Aestivum…), pero queríamos ir más allá, y el restaurante lo especializamos en la elaboración de platos trufados, con su servicio durante todo el año con trufa recolectada en nuestra finca, el spa, como ya he comentado antes. Pero nos faltaba algo, y ese algo fueron nuestros propios huéspedes y amigos, los que nos indicaron lo que querían. A ellos les apasionaba pensar en descubrir el mundo de la trufa, pero no solamente como producto final, sino conocer el proceso, el qué había detrás.

Este punto fue un hito en nuestros servicios, pues permite a nuestros visitantes conocer todo sobre la trufa y la valoran, si cabe, todavía más. Además de conectar directamente nuestra actividad de campo con nuestros servicios de hostelería.

Lo desarrollamos más por pasión que por negocio, pues el tiempo dedicado a ello es elevado. Si bien, es una actividad con sumo grado de satisfacción, el ver a nuestros visitantes disfrutando, como lo hacemos nosotros, en la recolecta de trufa, no tiene precio.

El perfil es muy variado. Realizamos nuestras jornadas para todo aquél que nos visita, tenemos grupos de amigos, parejas, familias, y de edades muy variadas. Así también, la desarrollamos con empresas, de hecho, éste fue el origen, su consecución para jornadas de teambuilding. Tampoco podemos hablar de una única procedencia, dado que el interés que despierta la actividad, ha sobrepasado los límites geográficos y contamos con visitantes de muy diversas nacionalidades.

¿Cuál es el perfil de clientes que suelen adquirir vuestros productos?

Nuestros clientes de alimentación y cosmética tampoco tienen un perfil marcado. En alimentación sí que diría que son personas que tienen ya una base de información de qué es la trufa, y la valoran, por lo que saben apreciar la diferencia entre un producto aromatizado y un producto realmente trufado; ó en ocasiones les mueve la curiosidad y confían en nosotros para brindarles las primeras experiencias gastronómicas con la trufa. En cosmética, se trata de personas que se preocupan por su piel y desean partir de productos naturales, como es el caso de los productos con trufa, en los que empleamos los principios activos para la obtención de las propiedades cosméticas.

Un producto bueno es un paso enorme, pero si se le añade un diseño atractivo es garantía de éxito. ¿Qué importancia le dais a vuestro packaging e imagen visual y qué canales o estrategias utilizáis para publicitar la marca Trusens?

Estoy muy de acuerdo con esta afirmación. Se debe de partir siempre de un producto excelente, sino, por muy atractivo que diseñes el envoltorio, tu cliente no repetirá. Por lo tanto, una vez tenemos un producto de calidad y en el cuál creemos, se desarrolla toda una imagen de éste, su packaging. El efecto visual tiene que ser atractivo, diferenciarse en un lineal y ser fácil de identificar por el usuario.

Para la comercialización de nuestros productos, contamos con el punto de venta en el hotel, y también con tienda online. No hemos empleado grandes redes de comercialización, pues nos gusta ir paso a paso, pero con paso firme. Disponemos de distribuidores y pequeñas tiendas gourmet que han probado nuestro producto, y a la hora de ofrecerlo a sus clientes, saben perfectamente de lo que hablan.

¿Cuáles son vuestros próximos proyectos? ¿Tenéis pensado lanzar alguna novedad en un futuro cercano?

Cuando te apasiona este mundo, lo difícil es no estar siempre pensando en nuevos proyectos, nuevos desarrollos,… Es algo que va ligado a tu día a día en la empresa. Tenemos varias pruebas en proceso de desarrollo, pero hasta que no obtengamos realmente lo que deseamos, preferimos no lanzarlas. Siempre me ha dicho mi abuelo “despacico y buena letra”.

 

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